Londres y su efeméride

Supongo que esto también es parte del encanto de Londres. Su efemérides, el saber que todos estamos de paso y que un día vuelves llorando de la risa en un avión y que al siguiente lo único que quedan son las lágrimas al despedirte de los que han sido tus grandes apoyos en esta aventura. El que hizo que renombrarás Londres como la isla y el que eliminó el sufijo “del infierno” de esa frase que durante tanto tiempo te acompañó. Londres tiene estas cosas. El adiós como constante, el celebrar éxitos y el abrazar tristezas. Si no, supongo que no sería Londres 

Abril 2026 – Escrito en el trayecto de vuelta desde la estación de metro a casa tras el abrazo de despedida de uno de mis mejores amigos antes de su mudanza a NY

La feria, un intento de bailar sevillanas y una pechá a reír.

Y es que la vida, una vez más, es exactamente eso. Escabullirte de la rutina y de la realidad a base de risas, de flamenco, de bailar sevillanas – o por lo menos de intentarlo – y de beber rebujito, cerveza fría y gin tonic con hielos bien gordos. Volver caminando a casa mientras la lluvia parece, de manera cuanto menos poética, limpiar todos esos males, agobios, tristezas y llantos que los últimos meses cargaste en tu chaqueta. Esa lluvia que se mezcla con las carcajadas y el dolor de pies, con ver Sevilla desde un prisma distinto y no recordar la última vez que llegaste a casa a las 8 de la mañana de una fiesta. 

Recordar que el glamour y Londres molan, pero que sentirte bien rodeado mola más. Ser consciente de lo que tienes aquí y poder disfrutarlo hacen que cada vuelo, cada hora en la oficina y cada vez que decides no mandar todo al carajo y aguantar un poco más merezcan la pena, que con buenos amigos, buena comida, buen clima y la actitud correcta todo parece pasar. Quizás no lo haga, pero al menos lo parece. 

La vida es cortar el filete para luego pincharlo con una patata, aprender que aquí la cerveza se llama cortá y que el rebujito es peligroso, muy peligroso. Que es una bebida tan simple como deliciosa, que la manzanilla te arregla el estómago y que mezclada con seven up también te alegra el alma

Sevilla, y probablemente el sur en general son esa pausa que sabías que necesitabas y no encontrabas. Desconectar por un rato y apagar el cerebro unos días. Centrarte en ti, en disfrutar, en cantar y en bailar. En el bocadillo de jamón con aceite y en el atardecer en el coche camino a la que siempre será una esquina especial en el planeta. Fijarte en el sol posarse en una ventana y la ensaladilla de pulpo. Los puerros y el pescaito frito. Pisar la arena de la playa y dar unas bolas de golf mientras te paras a reflexionar. Llegas a la conclusión que siempre acabas pensando cuando te paras así sea cinco minutos. Que la vida es la leche, que a veces todo parece ser cuesta arriba pero que aún así con paciencia y buena compañía todo siempre acaba por salir bien. Que todo esfuerzo merece la pena y que la tristeza, los sacrificios y la sonrisa forman parte del camino. Que todo curte y que a veces también hay que darle al pause sin sentirse culpables por ello 

Escrito entre Sevilla, Huelva y el medio del océano en el vuelo de vuelta a casa – abril 2026

Vuela alto, Pelo Blanco

Hola abuela, 

Creo que no hay mejor forma de empezar este pequeño homenaje que dándote las gracias. Las gracias por todo lo que has hecho por todos y cada uno de los que estamos aquí. En mi caso, por ejemplo, por acompañarme junto con el abuelo cada dia con 3 y 4 años a mis clases de natación durante la guardería. Mirarte desde el agua mientras tiritaba era toda la paz que necesitaba. A mis hermanas, por las clases de natación sincronizada en la piscina de Palma, a Gontzal y a Pablo por demostrarles que por mucho que ellos jugaran a fútbol como los Angeles nadie sabia mas de eso que tu, y que Raul no tenia que ir a la selección, tu famoso arroz y las sobremesas en navidad.

Parecen ejemplos banales, y tal vez lo sean, pero estoy seguro de que todos los que estamos hoy aquí acordándonos de ti tenemos cientos de cosas por las que darte las gracias… Como olvidar las velas antes de cada examen / juicio o simplemente dia complicado. 

Junto con el abuelo, fuiste una adelantada a tu tiempo, viajaste a paris y aprendiste ingles. Quien no ha oido el famoso my taylor is rich o tus clases maestras de vocabulario anglosajon. Te aprendiste las normas de ortografía y gramática mejor que mas de uno de mis profesores del colegio. Tengo que confesarte tambien que fuiste la persona que mejor y con mas cariño me vaciló. Y es que seamos sinceros, pocas cosas te gustaban mas que una riña tonta que acabara con una risa bien larga. Pero sobre todo, si tengo que quedarme, y creo que una vez mas hablo en nombre de todos, con algo de ti es que nos enseñaste a querer, a ser buenas personas y a hacer el bien. A que se puede ser duro pero también justo y a que no hay edad para ponerte blusas de lunares ni con lazo

Bilbao tiene ahora un poco menos de luz sin tu pelo blanco, pero esa luz esta en los corazones de todos los que hemos tenido la suerte de disfrutarte. 

Te quiero mucho abuela,

2024 ha sido…

Y es justo el día que menos pensabas, en el momento que menos creías, pero en el lugar en el que siempre lo hacías que decides parar y escribir un breve (o no, que para eso es mi recap) resumen de lo vivido en 2024. 

Si bien el 1 fue el primer día del calendario, el 14 embarcaba por primera vez en el vuelo que daría comienzo a mi nueva vida. Ahí estaba yo, una celebrity en la sala vip de barajas a punto de embarcar en el primer vuelo en business de mi vida. Tenia más dudas, incertidumbre, miedo y resquemor que equipaje, me creía sentir preparado (en realidad no) para lo que fuera que tuviera que venir en esta nueva aventura. Era domingo, era de noche y el miedo me embriagaba. Miedo a saber si sería capaz, a ver qué me encontraría por el camino y a echar demasiado en falta aquello que dejé atrás. 

El día 15 fue una nueva montaña rusa de emociones, el primer café, el segundo, comer en 10 minutos en una sala de reuniones comida pre cocinada mientras escuchaba mi primera call, asentir como si entendiese y dudar hasta de mi nombre. 

Fueron poco a poco pasando los días y con ellos mi memoria fue llenándose de primeras veces. Mi primer tardeo, el primer tenis al amanecer, o la primera visita de mis padres. Comer en un restaurante español y dejar en él toda la morriña acumulada, verles pasear de la mano en una noche londinense, el british museum o el primer “no podemos ganar en la puta vida”, una foto que meses después recrearía sin saber, comer langosta con hamburguesa o mi primer plan con amigos. Fabada y copas. Gracias Carlitos y Luis por cuidarme cada día 

Marzo fue la primera comida con Diego y la visita de Arturo, comprarme el cárdigan de Ami por haber sobrevivido e ir solo en busca de una paella y pagar 70£ por ella. Mi segundo tardeo y que Gabri enviara el reloj que mi padre me regaló por navidad de vuelta a Londres con mis jefes. Recibir mi primera postal. Marzo también fue mi primer Gatwick express a las 5 de la mañana

Abril fue volver a encontrarme con Victoria y con la abuela. Sacar a mi virgen a hombros y comer, comer mucho. También fue mi semana de ensueño. Volver a boadilla, volver a sentirme en casa y montarme en un tren camino al fin de semana más especial del año. Sevilla. Ironías del destino el hotel se llamaba Inglaterra. Esos días supusieron no parar de reír, abrazar a mis padres cada segundo, cantar y bailar, supusieron también por fin ver a mi Athletic campeón, el abrazo a mi padre al terminar el partido y el paseo de vuelta al hotel. El gin tonic de celebración y el golpe de realidad del día siguiente camino al aeropuerto para volver a la isla. Abril también fue reencontrarme con Vero y con Nico. Colarme en unas copas con Pablito y desentonar por ser el único que no llevaba camisa y americana. Abril fue la visita a la que ahora es mi casa, el primer offsite y Thames Water 

Mayo fue un FaceTime de noche con tus amigos desde el puerto de Santamaría. El de verdad sentirte querido y el comprar el guardián que ahora cada noche custodia a tu abuela, el indautxuko eguna con Gontzal y las cartas en sopelana con Ana y Amaia, el primer paintball y el skincare con Isa, fin de semana de Brunch y arroz de pato. La ansiada visita de Isa y Raúl. Un tardeo en el agua, y el anticipo de lo que será 2025 compartiendo casa con Raulinchi. Un instagram muy aesthetic y mi primer fin de semana de turismo 5 meses después de llegar. Mayo también fue conocer a Pati y su rissoto 

Junio fue Cloti y la final de champions en Wembley, la mudanza De Lara y la visita de Badia. Descubrir su paternidad y su vuelta a casa. Mi primera defensa de TFM como tutor o tener a Gabri descubriendo Bilbao. Junio también fue mi primer cumpleaños en Londres. El sentirme en casa por primera vez, el juntar a todos mis amigos en un solo lugar y por primera vez en años un bar volver a cerrar. Junio fue María y St Johns park. Fue Chinatown y el primer beso. Fue también la piscina en la azotea. Escapada a Wimbledon y descubrir que aquello de Londres tal vez no estuviera tan mal 

Julio fue Covid y el Chiringuito de Vista Hermosa, mi primer viaje con amigos y el off-switch. El tocino de cielo de Joselito Huerta y playa Canalla. Mi primer viaje de trabajo y saber que Amsterdam siempre tendrá un lugar especial en mi memoria. Las visitas inesperadas con una crepe debajo del brazo y hacer amigos en la piscina y acabar bebiendo en una azotea. Recoger el traje del vino, sol, chancletas y Porsche y la boda de Arturo. 

Agosto fue la despedida de Cloti y sanlucar, volver a ver amanecer, pasear por la playa y mis tartas caseras de desayuno, los molletes y el jamoncito, el meson de Manuela y la foto de mis padres que desde que la hice protege mi salvapantallas. La despedida de Betina o acabar en un museo de arte moderno rodeado de 5 desconocidas. Tenis al anochecer con Diego 

Septiembre fue la despedida, volver a chinatown y alguna que otra lágrima en una sudadera blanca, los por el momento últimos vinos en la azotea y el regalo más bonito que jamás recibí. Septiembre fue Lentrecotte y la Brasserie, las copas en casa de Fati y Jávea, Altea, un nuevo chiringuito y la primera despedida de verdad. Septiembre también fue Juanito y mis padres volviendo a pisar la isla. Su tortilla de patatas. 

Octubre fue Madrid y el Meliá. Fueron Clau y Lidia en Londres y la última entrevista de Raúl, fue cambiar el fondo de pantalla y fue Gontzal, el Ping Pong y Marylebone, los fideos más picantes que jamás comí y uno de los fines de semana del año en qué más me reí. 

Noviembre fue el golf y fue Madrid, fue María en Bilbao y Halloween, una visita sorpresa que cambiaría todo y Candlelight, fue ver al Chelsea y una casa rural, fueron Gabri y Raul, Óscar, Isa, la bolu, Naroa, Álex, Mario, Rooms y Rafa, una cita en el McDonalds de un aeropuerto y entender aquello de no es el donde, es el quien. 

Diciembre ha sido cerrarlo. Ha sido Valdilecha y volver a ver a Jorge, un viaje por carretera y volver a esquiar, el tenis navideño y una tortilla de patata con jamón, una ruta en bicicleta y el sol. Cargar pilas y descansar. 

2024 ha sido…

See you soon 2023…

Y de repente, sin comerlo ni beberlo llegó 2023, un año de cambios y transiciones, de bienvenidas y de despedidas, de viajes, aventuras y desventuras. Un año que espero me haya preparado para lo que se viene en 2024.

El año empezó como siempre en Sallent, esquiando, y preparando el primer viaje del año. Oporto. Con sus bodegas y su sol, con su comida rica y sus vinos, reencontrándome con un buen amigo y riendo cada segundo. Oporto también fue la primera cancelación de un viaje por trabajo y el when they say you can’t do it. Do it twice and take pictures.

Febrero fue huelva y Estella, fue mucha bici y mucho tiempo de calidad con los míos.

Marzo fue Alicante y Alpedrete. Entrajar a mi padre y ver a mis hermanas reír y bailar. A Victoria casi ver llegar y por su panza Gabriela casi no poder ni andar.

Abril fue San Mamés y dos pasos llevar. A MSE y a helen cuando su pie decidió el primer día de su jubilación romper. Fue san Sebastián y fue a la abuela justo antes de un paso a hombros cargar ver.

Mayo es lepicurien y es redescubrir a Arturo, es viajar a urueña y sobre todo volver a Paris. Es ver Roland Garros y es reenamorarme de la que un día será mi ciudad. Es comer y es beber. Es reír y disfrutar. Es con un gran amigo días de mucha magia pasar.

Junio es el día más especial desde que me mudé a la capital. Es sentir el calor de todo el equipo en aquellas cervezas improvisadas para mis 24 celebrar. Es el Bernabéu y es el verano ver empezar.

Julio es victoria y su nacimiento. Es el Guggenheim y la primera cena de padeleros. Julio es Rut y es Mer.

Agosto es la cuenta atrás. Es ver como los días poco a poco se conseguían tachar. Agosto es Pablo y es Laura, la boluda, Jaime y Gabriel. Agosto es la feria de málaga y es sanlucar. Es el cartojal y con Pepe y sus amigos como peonzas bailar. Son los amaneceres con el Sheriff y jamón y vino blanco cada día para cenar.

Septiembre es cadaques y es Dalí. Es la boda de Verónica, y es Bocelli. Es ver que Londres empezaba a ser una posibilidad y en ello no un poco creer. Es el brunch y es Adri, es Miguel y es Fede, es rafiki y es Fermín. Es la despedida de Pepe y es Parrete y el Bernabéu (otra vez)

Octubre es Chinchón y el desfile, es sevilla y su gente. Es Nico y su noche. Es Godscafe y Halloween. Es ale y es Gabriel, es Juanito y es bailar y es cantar. Es Raúl y sus fiestas. Son su gente y sus risas.

Noviembre fue Ali y fue Lorea, el reencuentro de México y la conexión Londres – Berkeley – México – Bilbao – Madrid. Es la primera vuelta a casa y es a Londres decir que sí. Es pasear con Luquitas y es reír cuando con nuestra vida no sabíamos dónde ir. Es ver a la Moda y es Dani D.

Diciembre es Sigüenza y es la boda de María. Es Meliá y son los chinos intrépidos. Es Andrea y son como siempre Juanito y Gabriel. Es rubicon y es el inicio de las despedidas. Es mirar atrás y reflexionar. Es con cierto acojono hacia adelante enfocar. Es Isa y es Santander. Son los primeros últimos abrazos y por supuesto es Sallent.

2023 es. O a partir de ahora, quizás mejor dicho, fue….